Asistí el pasado miércoles a la premiere de Slumdog Millionaire, película ganadora de Ocho Premios Oscar. Me abstengo de comentar de la película pues no es tarea de este blog, sin embargo plantearé una analogía entre un personaje central del filme como la ciudad de Mumbai (India) y Bolivia.
Veamos, la ciudad de Mumbai (otrora Bombay hasta 1995), es la capital del estado federal de Maharashtra en la India. Su población supera los 20 millones de habitantes. La India, como país multicultural cuyos orígenes se remontan a los imperios hindúes, pasó luego a formar parte de Portugal, el mundo musulmán, siendo la corona británica la última en colonizar sus tierras hasta su independencia en 1947.
Conviven en Mumbai “los maratos autóctonos y los guyaratíes del estado vecino de Guyarat, al norte, que hasta 1960 perteneció a la provincia de Bombay. Existen también minorías relevantes de bengalíes, marvaríes, panyabíes y tamiles. De origen extranjero son, sobre todo, los sindíes de Pakistán, así como afganos, chinos y nepalíes.
“En la ciudad se hablan alrededor de 200 lenguas y dialectos de origen tanto autóctono como extranjero. La lengua más hablada en la ciudad es el maratí, utilizado por un 43% de la población local. El maratí es la principal lengua oficial del estado de Maharashtra y la lengua tradicional autóctona.
Tras el maratí se encuentra, con un 19% de la población, el guyaratí, lengua propia del estado vecino de Guyarat, situado al norte de Bombay. A esta lengua le sigue el urdu, utilizado por un 10% de la población, principalmente por los musulmanes, que lo tienen como lengua materna. El urdu se escribe en una modificación similar a la del persa del alfabeto árabe, y fue lengua oficial durante la dominación mogola.
Indistinguible del urdu como lengua hablada, pero con una norma culta y alfabeto diferentes, el hindi, la lengua principal de todo el norte de la India es en Bombay la cuarta lengua más utilizada; un 8% de la población tiene el hindi como lengua materna. En realidad, el hecho de que el hindi y el urdu son prácticamente indistinguibles como lenguas habladas y el estatus del hindi como lengua nacional de la India y lengua principal de las películas y los medios de comunicación hacen que sea muy habitual el uso de esta lengua como lengua de comunicación social entre los distintos grupos”.(1)
En cuanto a nuestro país (un poroto al lado de Mumbai), apenas superamos los 10 millones de habitantes. Fuimos colonizados y seguimos repitiendo como leguleyos el tema de la violación indígena por parte de Pizarro. La España grandiosa con hado benigno aquí plantó el signo de la redención y con ello el catolicismo y su lengua materna el castellano. Sin embargo se reconocen el quechua, airmara y guaraní así como otras 33 lenguas. Según Wikipedia, la composición étnica del país se compone de la siguiente manera: amerindio (55 %), mestizo (35 %), blanco (7 %) y otros (2,5 %). Empero, Pablo Groux, Ministro de Culturas sostuvo que “Bolivia tiene un 64 por ciento de su población indígena, aimara y quechua, un gran porcentaje de población mestiza y un mínimo que se podría definir como étnicamente blanca. Ese pequeño núcleo de ciudadanos ha sido el que ha ido acaparando el poder político y el económico. Esto fue generando una crisis que podría haber acabado con una Bolivia unida. Hace un año hablábamos del serio riesgo que significaba para el país una segregación”. (2)
Cabe definir como conclusión la falaz estupidez de una autoridad pública cuya alusión a la minúscula población blanca que dominaba hasta hace poco este chaco, contrasta con la virtual armonía con la que nos desenvolvíamos o desenvolvemos actualmente.
Hablamos un mismo idioma para gritar autonomías, proferimos peyorativos como indio, cholo, colla o camba. Realizamos transas todos los días, en idioma nativo como materno mestizo. Gritamos goles de la selección, y es que la palabra gol no tiene traducción al quechua. Seguimos pajeándonos con demandas históricas regionales mientras el sol sale por el oriente. Siguen haciendo de las suyas las diestras y siniestras recicladas. Las logios y oligarcas casan a sus hijas con los cholos de los clanes; y es que esta fábula boliviana nunca termina. Habría que preguntarse cómo le hacen en Mumbai para vivir en paz. Gandhi debe estar revolcándose en su tumba.
(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Bombay
(2) http://www.eldeber.com.bo/brujula/2009-03-07/nota.php?id=090306204327